2 Fénix
Tras ayudarme a levantarme el chico del pelo de fuego arranco su lanza del pecho ardiendo de aquel monstruoso ser que hace unos segundos había intentado matarme, y echo a andar hacia el bosque, yo lo seguí pensando que mientras estuviera con él, estaría seguro. Mientras lo seguía me pude fijar en él, mas detenidamente, por su físico, podía deducir que tendría quince o dieciséis años, pero no era un chico normal, claro que no, ningún chico de quince años normal hubiera podido abatir a esas dos bestias, y tampoco podría desaparecer de la nada como lo había echo aquel chico, estaba claro que aquel muchacho no era humano, lo parecía en parte, pero ese pelo que tenia del color del fuego lo delataba, era algo que no conseguía comprender, parecía como si de verdad fuera fuego, ese pelo desprendía calor propio.
De pronto una brisa de aire fresco los golpeo, el chico del pelo de fuego, reacciono de repente, y me agarro del brazo haciéndome desaparecer junto a él. Seguía hay pero no me veía, me había vuelto invisible, no podía creerlo, iba a gritar del susto cuando note que algo me tapaba la boca, era la mano del chico, de pronto me asuste, ¿Qué pasaba?,¿De que nos escondemos?, de pronto mire al cielo y vi pasar sobrevolando por encima de mí a 3 personas que surcaban el cielo como sus brazos expandidos acariciando la brisa, era increíble, como podía ser que alguien volara por si solo, no era posible, aunque claro, él en estos momentos era invisible y eso tampoco era algo que pudiera llegar a comprender. Después de cinco minutos, después de que se fueran aquellos hombres voladores, volvieron a ser visibles, y el chico siguió andando como si nada hubiera pasado, yo lo seguí, con más dudas y preguntas que nunca.
Tras una hora aproximadamente de viaje, el chico se paro frente a una gigantesca piedra de un color rojizo muy calido, toco con su mano derecha la piedra y pronuncio unas extrañas palabras que yo no era capaz de pronunciar, de repente la piedra se echo a un lado y desvelo unas escaleras subterráneas, el chico me miro y me izo una señal con el brazo para indicarme que le siguiera. A medida que bajábamos las escaleras, aumentaba de forma alarmante la temperatura, hasta que bajamos y vi al causante de ese cambio tan brusco, era una gran sala circular llena de lava, donde el único sitio para caminar eran unos caminos que se cruzaban en forma de cruz, y en medio del cruce había una gran zona circular, en el centro se situaba un octaedro alargado por las puntas de un color rojo cristalino, donde se apreciaba un núcleo de fuego intenso dentro de el. Junto al núcleo se apreciaba la figura de un anciano que lo miraba fijamente, hasta que nos escucho entrar y se giro para vernos, tenia el mismo pelo de color de fuego que el chico que me había salvado, y los mismo rasgos asiáticos, llevaba una tunica de piel roja igual que la del muchacho, el anciano se quedo quieto mirando como avanzábamos hacia él, hasta que llegamos a su lado en el centro de la sala junto a ese octaedro gigantesco, entonces él y el chico empezaron a hablar, yo los miraba fijamente pensando si de verdad estaba seguro ahí, ya no veía tan claro que hubiera sido buena idea seguir al muchacho, no comprendía porque le había llevado a ese lugar, si no le conocía de nada, quizás lo había traído para hacer algún tipo de ritual de sacrificio, ese sitio no podía ser para otra cosa, sino porque estaban rodeados de lava, ahora estaba casi seguro, esas personas querían matarlo, pensó en correr, pero sus piernas no le respondían, estaba paralizado por el miedo, y, “de todas formas” pensó, para que le serviría correr, ya había visto al muchacho usar esa lanza de fuego suya, que le hacia pensar que si corría, el chico no lanzara su lanza contra su nuca para evitar que escapara. De pronto los dos hombres con el pelo de fuego pararon de hablar, y fijaron sus miradas en mí, yo los observe tembloroso, el anciano me indico que tocara aquel octaedro rojo cristalino, ¿Para que quería que lo tocase? ¿Es parte del ritual para sacrificarme?, bueno de todas formas me van a matar, pensé, no pierdo nada por tocarlo, y lentamente levante mi brazo y lo extendí hacia el octaedro, poco a poco hasta llegar a tocarlo, en cuanto las yemas de mis dedos tocaron el cristal un fuego unas llamas se traspasaron por ellas hasta mi brazo siguiendo hasta mi cuerpo, recorriendo cada parte de mi ser, era una sensación calida, reconfortante, hasta podría decir que me gustaba, lentamente aparte la mano del cristal y me las puse sobre la cara, ¿Qué acababa de pasar? ¿Qué había echo? De repente aquel calor que sentía en esa sala llena de lava había desaparecido, y me sentía como describirlo, “vivo”.
-a funcionado –dijo el chico con una expresión de sorpresa en su cara
-creo que si –dijo el anciano en voz baja – ¿recuerdas quien eres?
De repente parecía que los entendía, como era posible que supieran hablar mi idioma
-quien soy –dijo perplejo a lo que acababa de pasar –esperar, ¿vosotros habláis mi idioma?
-No Fénix, tu hablas el nuestro –dijo el anciano –me llamo Berluk y él se llama Cristan –hizo una breve pausar para mirar la cara de Fénix que seguía sin entender lo que acababa de pasar, y continuo –Hace un siglo existió un formidable guerrero que con su valor ardiente protegía nuestro pueblo, pero, él, no era como nosotros, -prosiguió –no era de nuestro raza, no tenia ni el pelo del color del fuego ni nuestros rasgos faciales, pero sin dudarlo se arriesgo para combatir el mal que asolaba nuestro pueblo, ese guerrero llevaba una melena roja como la tuya y tenia los mismos ojos rojizos que tienes tu –hizo una pausa y le dijo con una sonrisa de orgullo en su rostro –su nombre era, Fénix.
Tras terminar de escuchar esto Fénix se desmayo del agotamiento.